martes, 4 de noviembre de 2014

Los misioneros castellonenses en Burkina no se plantean volver


REDACCIÓN. Castellón/Ouagadougou/Degougou
“Aliviamos la preocupación rezando”, explica la religiosa castellonense Begoña Escrihuela. La casa y guardería de la Consolación está a doscientos metros de la casa del huido presidente burkinés, Blaise Compaoré, por lo que oyeron los disparos y los manifestantes pasaron corriendo por delante de la comunidad. Desde las ventanas también se veía el humo del Parlamento en llamas. Desde que el fin de semana comenzaron las negociaciones, la normalidad ha vuelto y de momento no piensa en ser repatriada. El carmelita Francisco Javier Abril, también de Castellón, desea desde Degougou que “poco a poco se pase de un régimen dictatorial a otro más democrático”.

En referencia a los altercados, la hna. Begoña reconoce que “no se tendría que haber reaccionado así, pero al mismo tiempo la sociedad ya estaba cansada que no se les escuchase”. En 2011 hubo un intento de levantamiento en el ejército que hace 27 años aupó al presidente Compaoré. En octubre, su homólogo francés, François Hollande, le advirtió de los riesgos de un cambio no consensuado de la Constitución. Y hasta los Obispos, que forman parte de un Consejo Nacional de Sabios y a los que se recurre comúnmente en procesos de diálogo, se dirigieron al gobierno avisando de las crecientes tensiones.

La respuesta repetida del depuesto mandatario era pedir perdón y no hacer nada, hasta que la semana pasada llegó la gota que colmó el vaso. Begoña Escrihuela declara que “el martes hubo una manifestación pacífica, pero el consejo de Ministros del miércoles no hizo caso de sus reivindicaciones, y la gente se sintió muy frustrada cuando lo único que pedían era hablar”. “Por suerte –añade la religiosa- no hay tensiones de etnias y religiosas”, que agraven la situación.


Sin embargo la creciente diferencia entre ricos y pobres no deja de aumentar. En el centro de infantil de las hermanas de la Consolación acogen a 78 niños y niñas de los que el 95% viven en una situación de pobreza severa: “Su educación es posible gracias a becas porque no tienen medios -explica Escrihuela- mientras que mientras unos pocos se quedan con todo”. Francisco Javier Abril, por su parte, desea que el proceso actual de paso a un sistema “más democrático, justo y solidario de
una forma pacífica y sin derramamiento de sangre”.
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