viernes, 20 de septiembre de 2013

Carta de familia en misión en Budapest

Buenas, ¿Cómo va todo?

Os escribimos principalmente para saludaros y contaros un poco como está siendo la vuelta a la misión después de los días que pasamos en España.
La verdad es que este tiempo en España fue un regalo muy muy grande, ya que pudimos disfrutar de la comunidad y esto nos ayuda a sentir que no estamos solos en esta misión, que hay una comunidad detrás que nos sostiene. De verdad que no son solo palabras, me encantaría poder expresarlo mejor, pero sentimos la necesidad de compartir nuestra misión con la comunidad. 
Durante nuestra estancia en España, vinieron también de vacaciones una familia húngara que está también en la misión con nosotros. Fue impresionante la acogida que les ofrecieron tanto nuestras familias como nuestra comunidad y el resto de comunidades de la parroquia, y eso nos hace sentirnos agradecidos a Dios y a estas personas porque sentimos al final que lo que nos une es un mismo espíritu que nos hace "trabajar" en la misma misión.
En cuanto a nuestro "reencuentro" con la misión, la verdad es que ha sido un paso del Señor. Los últimos días en España fueron un poco complicados. El demonio ya sabe de que pie flaquea cada uno y empezó a trabajar duro. Afectividades, precariedad económica, los hijos... me imagino que os hacéis una idea. Para Daniel hijo, y un poco también para María,  los últimos días fueron duros también y eso es una de las cosas que más nos quema. Pero por otra parte también fuimos sintiendo la fuerza de la oración y el día de la partida estuvimos muy tranquilos y muy serenos (con pena y lágrimas pero tranquilos). A María le dió más el bajón al llegar, pero poco a poco, al segundo día, estaba ya contentísima de estar aquí y con ganas de empezar las clases. El resto de niños, incluido Daniel, muy contentos de volver "a nuestra casa", como decían ellos.
Para mí, Ana, ha sido un paso del Señor este tiempo, porque pasé unos días muy malos en España y los primeros días de estar aquí, no tanto por la vuelta a la misión como por no estar contenta con mi vida diaria, sobretodo con la relación con mi marido. Viví unos días de cabreo permanente que me hacía ver mal todo lo que mi marido me decía y hacía. Pero el Señor no me dejó y me permitió rezar y rezar, pese a lo que el cuerpo me pedía y al final hablé con Daniel y le dije cómo me sentía. No fue una conversación de reconciliación, acabé más enfadada de lo que empecé, pero poco a poco la cosa se fue diluyendo y cada día estaba mas contenta, y ahora me siento supermimada por Dios que me regala esta misión y esta familia, y que me invita, como ya dije en la convivencia, a vivir al día y mirándole a Él continuamente.
Yo, Daniel, acabé muy agradecido por lo vivido en España, y, aunque es verdad que con la pena de las despedidas, también muy contento de volver a la misión. He podido experimentar eso que dice tantas veces kiko de que hay que cargar pilas en la comunidad de origen. Me ha venido muy bien. El Señor esta vez me ha permitido estar contento con la misión (a diferencia de mi regreso en Abril, donde lo veía todo más negro). Ahora me ha concedido estar tranquilo y ver que el Señor me llama a estar aquí y estoy contento con la misión.  En este tiempo estoy viendo más que nunca que la conversion es de cada día y que el demonio me puede robar la historia en un momento, sobretodo con los temas de la relación con mi mujer (como ya ha dicho ella anteriormente), de la precariedad económica, la dificultad del idioma... Pero en resumen, estoy muy contento de ver como Dios actúa conmigo y con mi familia.
En cuanto al tema económico la situación actual es un poco (por suavizar) precaria. En marzo el paro de Daniel se terminó pero, DM, a partir de este mes recibiremos el subsidio por desempleo de 400 €.  Como sabéis, Ana tenía previsto renunciar al puesto de trabajo y que la despidieran para poder optar al paro, pero la cosa se ha complicado un poco y habrá que esperar un tiempo (aún no tenemos claro si tienen que ser 6 meses o 2 años porque cada vez la cosa se complica más). Por tanto, ahora nos encontramos en una situación muy precaria porque tenemos que pagar nuestra casa de Burriana (recordamos que está en venta o en alquiler, por si conocéis a alguien), el alquiler y los gastos del piso de aquí, y los gastos normales de una familia de ocho personas. A pesar de esto, la verdad es que, en general, vivimos esta situación con mucha paz. Dios no nos deja y yo digo que fama de moroso no tiene, más bien tiene fama de pagar bien a sus trabajadores, así que seguro que a nosotros nos paga también muy bien ¿no? Hasta hoy aun no nos ha faltado de nada, vivimos disfrutando de lo que viene cada día, y, aunque es un punto en el que el demonio lo tiene fácil, la verdad es que la oración nos ayuda mucho a vivir al día.
Por otra parte, en este tiempo aquí aun no hemos hecho misión popular porque tenemos que esperar a la convivencia de principio de curso (que la tenemos el primer fin de semana de octubre), pero ya todos hemos vuelto de las vacaciones y en esta semana vamos a celebrar, en las casas de las familias que en este tiempo se han cambiado de casa a este distrito, dos eucaristías para bendecirlas.
Los niños ya han empezado el cole y es un regalo ver que van contentos y que poco a poco vamos comunicandonos mejor con las profesoras (en húngaro) y que poco a poco  vamos entendiendo más y más cosas. Es un regalo ver como el Señor ayuda a los niños y esto nos confirma en la misión día a día.
En fin, vamos a despedirnos ya que al final se ha hecho esto un poco largo, pero teníamos necesidad de contaros cómo estamos y de haceros partícipes de lo que vuestros corresponsales en Budapest están viviendo. No hace falta recordaros que necesitamos a diario de vuestras oraciones.
Un abrazo muy fuerte.
Unidos en la oración

La paz

Daniel, Ana, Daniel, María, Pablo, Andrés, Lucas y Miguel



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