miércoles, 28 de noviembre de 2012

OMP en la Asamblea Plenaria CEE


Misioneros, cooperación económica y dimensión misionera de la fe, temas del informe de las OMP ante los obispos españoles

El pasado 21 de noviembre, en el marco de la Asamblea Plenaria de los obispos españoles, el director nacional de las Obras Misionales Pontificias en España, D. Anastasio Gil, presentaba el informe anual a la Conferencia Episcopal de las actividades de esta institución misionera. Articulado en seis partes, sometía a la consideración de los prelados españoles las cuestiones más fundamentales que afectan a la responsabilidad misionera de las Iglesias particulares.
D. Anastasio Gil
En la primera parte de su exposición, “el tesoro de nuestros misioneros”, D. Anastasio Gil, exponía la que es la “primera y principal tarea” de las Obras Misionales, “atender, acompañar y ayudar a los misioneros, porque sin misioneros nos hay misión”. Sin perder de vista la universalidad de la Iglesia se ha puesto la atención en los misioneros españoles que actualmente están en la misión o en los ámbitos territoriales eclesiales necesitados de esta cooperación. “En breves semanas”, señalaba el director de las Obras Misionales, “sabremos, con certeza, quiénes son, dónde se encuentran, en qué diócesis fueron bautizados los 14.000 misioneros españoles esparcidos por el mundo. En su mayoría son religiosos, pero es significativa la existencia de un millar de sacerdotes diocesanos y unos 800 laicos”. Con una labor permanente de actualización, estos datos permitirán hacer un estudio sobre su movilidad y las razones de sus cambios de destino misioneros, además de “informar a la opinión pública de la contribución de estos misioneros al bien de la humanidad y en especial de los más pobres y necesitados”.

El segundo punto tratado es la relación con las delegaciones diocesanas de misiones. El director nacional, en el año y medio que lleva en el cargo, ha tenido la oportunidad de visitar las delegaciones diocesanas de misiones de 61 diócesis. Ha constatado una clara laguna. “Se trata de la escasa información que el clero joven tiene, en su mayoría, sobre las Obras Misionales Pontificias, o sobre otros servicios misioneros de la Conferencia Episcopal, como es el caso de la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana, OCSHA, o del Fondo Nueva Evangelización”. Una carencia que se evitaría, a su juicio, incorporando la Teología de la Misión en los programas de estudio.

Se constataba, en el tercer punto, que no hay la misma generosidad por parte de los fieles a la hora de ayudar a proyectos pastorales, como la que se constata en favor de los proyectos sociales. Tras insistir ante los obispos españoles sobre el carácter único de las Obras Misionales Pontificias como medio de comunión entre nuestras Iglesias y las Iglesias en misión, además de garantía de la justa distribución de los bienes, D. Anastasio Gil pedía evitar planteamientos reduccionistas respecto a la cooperación económica en la Iglesia, recogidos en el término solidaridad, planteamientos y “modos que van desplazando de nuestro lenguaje el concepto cristiano de la caridad”.

En el apartado cuarto dedicado a la cooperación económica, se recordaba que las Obras Misionales Pontificias atienden las necesidades de los 1.103 territorios de misión, el 40% de la Iglesia católica. “Me satisface informarles”, señalaba D. Anastasio, “que el ejercicio económico 2011 no ha seguido el descenso de aportaciones de los fieles de los tres últimos años. Al contrario, se ha incrementado en un 4,5%, especialmente en las parroquias”. Agradecía, por ello, a los responsables diocesanos la diligencia y transparencia en la gestión de los ingresos y de los gastos.

En la relación con los medios de comunicación, la quinta parte de la exposición, se constataba la sensibilidad de los mismos con la misión y los misioneros, aunque, “la transmisión de su testimonio, en muchas ocasiones, aparece sesgada y reducida a la simple cooperación material y humana, dejando en la penumbra, en muchos casos, la razón fundamental de su presencia en esos países”. Se está realizando un esfuerzo en este sentido porque lo que se desea en este apartado “no es sólo hacernos eco de cuanto sucede en la misión, sino ser generadores de informaciones positivas emanadas de la actividad ordinaria de la misión”.

Por último, en la dimensión misionera y la iniciación cristiana, el director nacional expresaba el deseo de las Obras Misionales Pontificias de colaborar con las diócesis en el desarrollo de la dimensión misionera y apostólica especialmente en los niños y jóvenes. Es una tarea en la que ha de implicarse cada delegación diocesana de misiones, y también los misioneros que han retornado después de un prolongado tiempo en la misión ad gentes”.

D. Anastasio Gil concluía su exposición señalando que el desarrollo de la dimensión misionera en la pastoral ordinaria garantiza la formación católica y universal de los fieles cristianos. “Este es el genuino sentido de la repetida expresión ‘la misión está aquí’ que, lejos de disuadir de la vocación misionera a quienes han sido llamado a anunciar el Evangelio en otras fronteras, puede ayudar a descubrir la necesidad del primer anuncio en muchos de nuestros coetáneos”.

Para leer el informe completo:
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