lunes, 27 de enero de 2014

Una familia de Castellón en las villas miseria argentinas

Desde hace seis años Agustín Piquer y Eva Sales con siete de sus hijos (los dos mayores están en el seminario en Dallas e Israel) viven en la villa miseria de Agua Azul, uno de los 200 suburbios situados en las periferias de Buenos Aires, Argentina. Este año han podido pasar las vacaciones en casa, y han aprovechado para encontrarse con el Obispo, mons. Casimiro López Llorente, ya que son una de las familias en misión que Segorbe-Castellón envía desde hace años a lugares de fundación de la Iglesia.

Su trabajo, en colaboración con el párroco de Ntra. Sra. de la Esperanza y otra familia consiste en la animación de la pastoral de este barrio marcado por la precariedad y la violencia que genera el tráfico de drogas. Explican que la situación de las familias locales no difieren en mucho de las de aquí, pero que los enfrentamientos internos suelen ser muy violentos a causa de la droga.



Al estar durante cinco años en el mismo ambiente en el que ejercía parte de su ministerio el Cardenal Bergoglio, reconocen en el mensaje del Papa Francisco las claves de su labor en Agua Azul: “El eco fundamental que resuena es salir de la parroquia, y por eso aprovechamos cualquier ocasión para ir por los callejones o “pasillos” de la villa miseria a manifestar la fe. Esto nos empuja a seguir en la misión por la evangelización, y salir en búsqueda de los pobres”.


Sin embargo, el corazón de su testimonio pasa por “vivir en medio de esa realidad como familia cristiana, siendo uno más con ellos y dando esperanza de que se puede vivir con Jesucristo una vida nueva”. Agustín y Eva han ligado su vida y la de su familia a la misión, ya que hace más quince años que dejaron su comunidad neocatecumenal de la parroquia de la Trinidad en Castellón, para ir primero cinco años a Perú, seguidos de seis en Rusia, antes de desembarcar en Argentina.
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