miércoles, 18 de diciembre de 2013

Bangui: entre el caos y la generosidad

El hermano Baltasar se puso manos a la obra con algunos jóvenes para limpiar el entorno del
dispensario. El poco cloro que les quedaba, les permitió que el dispensario quedará más limpio y
acogedor. Activo desde el 2009, el dispensario del vecindario ha estado viviendo un ritmo fuera de lo
normal desde hace tres días…
Este pasado jueves 5 de diciembre, la situación en la capital se agravó. El régimen del terror resurgió. La población se desplazó tratando de buscar refugio. Las parroquias fueron tomadas por sorpresa y también el Monasterio María, Madre del Verbo (Monasterio de la Comunidad de las Bienaventuranzas, instalada en Bangui desde hace 28 años). Los habitantes del vecindario, conociendo el lugar, habían ya buscado refugio aquí varias veces en el pasado.
Pero desde hace algunos días, los acontecimientos han tomado una amplitud fenomenal. Un campo de refugiados Las mamás llegaron con sus hijos, los primos, los vecinos. 1000, 1700 después 5000, 9000
¡hasta llegar a 15,000 refugiados ! Aquellos que habían encontrado refugio en la parroquia vecina tuvieron que irse –dos personas acababan de ser asesinadas-, así es que se pusieron en marcha. El monasterio se convirtió desde el jueves en un campo de refugiados. Las bancas de la capilla están afuera, aprovechándose todo el espacio. El primer día muchos se instalaron fuera sobre el césped. Pero la lluvia llegó y el césped se volvió paja y muy rápidamente, lodo.

Los niños encontraron como único refugio, el gallinero… ante esta inmensa marea humana, cinco soldados de la fuerza inter-africana se instalaron frente al monasterio. El muro que rodea al monasterio, debería permitir proteger un mínimo a esos miles de refugiados. El viernes, soldados de la armada francesa llegaron hasta el monasterio. Después de ver la amplitud de la situación, su decisión fue rápida y clara: enviar refuerzos a ese lugar.
Durante este tiempo, en el monasterio, cada uno intenta ayudar en lo que puede. El hermano Baltasar permanece en el dispensario, cuatro personas heridas de bala llegaron para hacerse curar pero no había vendas. Prácticamente no hay medicinas. Murieron en el lugar. Organizarse, consolar.
 El hermanos José está al servicio de las mamás y los niños. Trata de organizarse pero su tarea es prácticamente imposible. Él se esmera pacíficamente y con perseverancia. Cada uno consola, reconforta… en una atmósfera tensa por el miedo, la angustia. El hermano Dios-bendito se convirtió en aguador. El carga con dos grandes garrafas, para obtener agua filtrada que distribuye a los hermanos y hermanas del  monasterio, ocupados con todos esos refugiados.
Hace falta todo. Comida –sólo los niños han podido obtener un poco de arroz de las reservas de la Comunidad-, medicinas, lugar para que cada uno pueda dormir, posibilidades de organizarse, contactos, la posibilidad de desplazarse…
El hermano Yeelen, responsable de nuestra casa de Bangui, nos escribía en un email el viernes en la noche: “Afuera, jóvenes en oración cantan para implorarle al cielo para que ya no llueva y para que Dios nos libre del mal. El número es demasiado, para aquellos que conocen Bangui, las esteras están en el suelo, desde la gruta hasta la capilla, la entrada principal, del lado del noviciado, en la pradera y en el camino al dispensario. No traten de contar el número, no lo lograrán. Sin miedo a las serpientes, dormimos en la hierba, Dios nos protege. El barrio está relativamente en calma esta tarde, pero no sabemos si volveremos a ser visitados esta noche, la psicosis se ha instalado” -añadía también- “es inútil preguntarme si tengo miedo, porque no responderé. Lo que es cierto es que, estoy en esta misión y permanezco por amor a la Iglesia, que es la única que sigue al frente cuando se denuncia el mal y sostiene a los damnificados de todo tipo. Tal vez nos sea quitada la vida en los días que vienen, pero sé que será por amor a todas esas personas.” La Iglesia católica de Centro África ha lanzado un llamado para un cese al fuego inmediato, afín de que las ayudas humanitarias puedan circular.

Seguir esperando
Este sábado en la mañana, monseñor Diosdado Nzapalainga, arzobispo de Bangui, pasó al monasterio acompañado del embajador de Francia. Reconfortó, devolvió la esperanza al aportar comida y una palabra de reconciliación. Unos meses antes, había venido a reconfortar a los 500 refugiados que teníamos, en presencia del pastor y del imam. Su presencia de paz es de un confort invaluable para todos.
Mientras los soldados se activan, las políticas se adaptan, y las facciones continúan su avanzada, en el monasterio, la vida de un campo de refugiados continua, con muchas preguntas en la cabeza sobre la vida de mañana, pero también viendo los milagros de vida del África. Esta noche, en el dispensario, una mujer embarazada llegó, después de haber caminado 12 kms. El hermano Baltasar, sonriente, explica que el
alumbramiento se pasó bien, una partera había estado con él. ¡Un pequeño Lucas de 4 kg 800 grs emitió sus primeros gritos!

¡AYUDENNOS!
La situación de urgencia de Bangui: el caos que reina y la crisis nos impulsan a pedirles su ayuda. Ayuda para poder proveer a las necesidades de los refugiados, para poder alimentarlos, darles medicamentos, volver a sembrar y reconstruir.
HAGAN LLEGAR SUS DONES a « AAI BANGUI »: Asso. Alliances Internationales – 60, avenue du Général Compans 31700 BLAGNAC

Depósitos desde Francia o el extranjero:
Crédit Agricole Bordeaux IBAN : FR 76 1330 6003 2626 0055 1201 108 – BIC : AGRIRPP833

Desde 1981, la Asociación Alianzas Internacionales sostiene proyectos humanitarios, portados a través del mundo por las casas de la Comunidad Católica de las Bienaventuranzas. Está activa en África Ecuatorial (RDC, RCA, Camerún, Costa de Marfil, Burkina Faso, Mali, Rwanda) y en Asia (Vietnam y China). Cada año, sostiene más de 30 proyectos en los ámbitos de la salud, el desarrollo, la formación y la ayuda a la infancia.
Informes : http://alliances-internationales.org/

« Se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa
cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. » Papa Francisco, Evangelii Gaudium, 54
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