(Jesús Bastante).- Ana Edo y Ana Madueño son Hermanas de la Consolación, una
congregación formada por unas quinientas religiosas con presencia en todo el
mundo. Las dos Anas son ejemplo de que la vida religiosa no es sólo cosa de
señoras mayores, como se suele pensar.
Sobre su vocación personal, Edo cuenta que sintió "que Dios quería
de mí algo especial, no sólo trozos de mi vida". Explica, en cuanto al
relevo, que su congregación no tiene "una súper masa de vocaciones, pero
sí sigue habiendo gente con inquietud".
Madueño estuvo tres años en Togo y narra así su aprendizaje: "Me
he dado cuenta, pensándolo muy seriamente, que en el fondo las personas somos
muy parecidas. Las necesidades y los vacíos que llevamos dentro son las mismas.
Da igual Togo o Sevilla". Defiende que las hermanas "no somos
mujeres que 'no tenían otra salida'", sino mujeres que han optado por
la compasión, que consiste, en palabras de Edo, "en decidir no pasar de
largo delante de los problemas de los demás".
"Las cosas no se arreglan sólo rezando, la consolación consiste en que los que sufren nos sientan cerca", concluyen las hermanas.
"Las cosas no se arreglan sólo rezando, la consolación consiste en que los que sufren nos sientan cerca", concluyen las hermanas.





















































































